
A nadie sorprendo si marco la rareza de la patria. Desde sus inicios, nada es lo que dice ser en Argentina y en el caso de las discusiones que terminaron en la sanción de la Ley que permite matrimoniarse a personas el mismo sexo, no podíamos esperar otra cosa. Lo que quiero decir es que no creo que nadie sea de izquierda porque esté a favor ni de derecha porque esté en contra. Casi complementariamente, aunque no es exactamente lo mismo, no creo que votar “bien” haga de nadie un progresista. (Aquí empiezo una digresión, suspendamos por un momento la discusión alrededor de la validez de estas categorías, de lo contrario, tengo que parar acá). Si uno lo mira sociologicamente resulta claro que el recorte del voto no supone actitudes de progresía. Si así fuera, el PJ es más progre que el radicalismo, y el socialismo es "todo progresismo" ya que el 100% de sus legisladores votaron afirmativamente. Quién hace, estudia, o solo observa la política del país sabe que esto no es así y que el socialismo no es "puramente" progresista, tanto como Pichetto no se ha convertido de golpe en un sujeto clasificable dentro del centroizqueirdismo.
Por otro lado, en términos menos provincianos no puedo dejar de recordar la bonita foto del Mayor Giuliani en una de las marchas del orgullo gay. No creo que nadie pueda decir que el bueno de Rudolph pudiera pedir compartir tribuna progre con.....Angela Merkel, por ejemplo. Si lo viéramos así el Gobierno, este gobierno, el que garantiza negocios a los amigos, el que depreda la naturaleza por la vía de no hacer nada contra la sojización sólo para mantener vivo un conflicto que le causa una extraña excitación, el gobierno que es, en realidad, una sociedad matrimonial increíblemente exitosa en lo patrimonial aún cuando se pasa el día, eso espera uno, gobernando, este gobierno que le declara la guerra a un diario, este Gobierno, sería progresista porque sus diputados y senadores, mayoritariamente, votaron esta Ley. No parece serio.
En términos más tfilosóficos, no creo que haya un "ser" progre sino que más bien existen situaciones en las que por diversas cuestiones distintas personas asumen posiciones progresivas, pero no las constituyen como "unicidad progresista". Mi posición personal sobre el matrimonio homosexual está expuesta en el blog y salió en Página12, pero eso no me hace sentir más progre que el resto por el hecho de que intento sustraerme del maligno virus argento del embanderamiento. En lo que a mi respecta, es una política pública que suma derechos, que incluye personas y por eso hay que apoyarlo, y tengo para mi que esto se desprende de una actitud pragmatista. Me permito la falta de modestia que sugiere pensar que hasta el mismo Richard Rorty se contentaría con eso sin pensar, como piensa CFK que tras de sí se ve una estela de progresismo.
He tenido algunas críticas sobre la oportunidad (más bien la inoportunidad) de mi consideración acerca del carácter conservador de la institución matrimonial. Creo que vivimos todos en instituciones más o menos conservadores y a menudo hasta somos felices en ella, pero eso no le quita su temperamento. Por otro lado, insisto en dos cosas que me parecen importantes. La primera es la de desencializar el carácter político de cada uno de nosotros. En el mejor de los casos, luchamos por colocarnos en situaciones de progresismo o reformismo en cada conflicto particular. No es posible ya encontrar, y esto debería parecernos una suerte, itinerarios únicos y seguros que nos lleven al puerto de la corrección política. Por otro lado, y ya en términos de eficacia para quienes no solo miramos la política, es profundamente necesario entender que las construcciones subjetivas de hoy se han complejizado lo suficiente como para no permitirnos encontrar ciudadanos con un punto fijo en términos de sus posiciones políticas.
Volviendo a la discusión sobre la Ley y sobre los argumentos que se dieron a favor y en contra y sobre las actitudes de cada uno, no hay que desestimar la importancia del contexto político. Si se les preguntaba a Diputados y Senadores que votaron favorablemente sobre este proyecto hace un año, la respuesta hubiese sido otra, incluso propongo no olvidar que el Gobierno no lo quiso tratar en tiempos de la visita de CFK al Vaticano. La ley es fruto del trabajo de sectores activados de los movimientos gays, trans y lesbianas, lo que es justo y democrático y razonable y de la oportunidad del Gobierno por pelear cada porción de la constelación progre. Bienvenida sea la Ley, pero voy a insistir, no hace a nadie más de izquierda.
Mi posición, que califico de liberal, era la de sacar la figura del matrimonio del código civil, ir hacia la figura de unión familiar, sin distingos de sexo y dejar la figura del matrimonio para quienes quisieran hacerlo dentro de la esfera religiosa.