jueves, 25 de julio de 2013

Una hora con Franco Rinaldi

Ayer estuve casi una hora con Franco Rinaldi en su hermoso programa por la Radio de la Universidad de Buenos Aires. Hablamos de casi todo, en un clima tranquilo, lindo para pensar.
Acá se las dejo para chusmear un poco.

 

sábado, 13 de julio de 2013

Camino a las PASO


Esta nota fue publicada por Bastión Digital el jueves 11 de julio. Pueden ver allí la edición original y, además, visitar un gran agregador y un sitio de una producción propia hermosa y siempre en mejora.


En tiempos electorales, de cierres de listas e intentos de conformación de liderazgos es difícil sorprender al lector. La política se hace previsible, se desnuda en la búsqueda del poder y el trazo grueso domina la escena mostrando menos de lo que oculta.

Para el escritor político, la sospecha del aburrimiento y la obviedad se impone con demasiada fuerza. “Cuando dudes, pon un hombre cruzando una puerta con un revolver en la mano”, sugería Raymond Chandler para estos casos. Mi hombre con un revolver es proyectar una de escenarios.

La política argentina ofrece pocos datos duros. Uno de los más persistentes es su resistencia a la novedad. El escenario para las próximas primarias de agosto es una muestra más de esa resistencia pero, a diferencia de otros momentos electorales menos atractivos, ofrece algunas particularidades interesantes. Lo mejor es enemigo de lo bueno, tratemos entonces de analizar un poco este sendero que va entre la novedad y la particularidad.

La nota “novedosa” de esta elección es Sergio Massa. El intendente de Tigre tiene apenas un poco más de 40 años, pero podría tener 63 y nadie advertiría la diferencia. Cuando expone sus ideas se disipan todas las dudas. Su curiosidad intelectual es tan elemental como la de la mayoría de los dirigentes políticos y su compromiso con alguna posición que permita ver qué tipo de sociedad desea es prácticamente inaudible. Definitivamente, la novedad no nos regala nada nuevo.

Lo particular de esta elección es que algunas fuerzas políticas hicieron lo que la racionalidad política indicaba mientras que otros, le tomo la frase a Gustavo Noriega, eligieron pegarse un tiro en el pie.

Más allá de la estima que tengamos hacia la categoría, las fuerzas que se ven a sí mismas como “progresistas” se condujeron siguiendo un guion aceptable. Luego de varios intentos por tensionar esa lógica hacia distintos tipos de conservadurismo, decidieron actuar en conjunto y presentarse a la ciudadanía como una opción. En un mismo movimiento, la UCR, el socialismo, lo que queda de la Coalición Cívica liderada por Carrió, el GEN y fuerzas más cercanas al populismo tradicional como Libres del Sur y Proyecto Sur armaron una coalición electoral competitiva y razonablemente coherente y dejaron fuera de ese mosaico a personajes y agrupaciones menos flexibles o más preocupadas por destinos personales.

Con matices marcados, con diferencias fuertes en cada distrito, este acuerdo se parece bastante a su propia narración, y eso sólo ya merece cierto destaque. Por una vez, hicieron lo que tenían que hacer. El resultado está regado de cuestiones que sus propios integrantes no pueden controlar, pero no se puede alegar torpeza, insisto, en el marco de su propia imaginación política.

Lo mejor que ofrece este frente aparece en la Ciudad de Buenos Aires donde la interpretación de las PASO permite una competencia interesante y virtuosa que devuelve capacidad de elección a la ciudadanía. Los votantes porteños podrán mejorar la oferta electoral del frente, corregir lo que crean conveniente y darle a esa lista un mayor vigor a partir de agosto y camino a octubre. 

Lamentablemente, la virtud de las primarias se pierde en otros distritos relevantes, pero aún sin este condimento, las listas en otros distritos importantes guardan coherencia interna y no aparecen como un salto al vacío. Tal vez el  desafío más fuerte que tiene este frente es el de la institucionalización. Nadie puede asegurar con certeza que los resultados de agosto no dañen el armazón original de la coalición, pero si bien eso es cierto, al menos la ciudadanía contará con una herramienta política mejorada por su propia intervención.

Más desconcertante es lo de PRO. El otro costado de la oposición al kirchnerismo tomó una serie de decisiones difíciles de entender. La más fuerte es la impericia con la que manejó la articulación política en la provincia de Buenos Aires. La decisión de no participar con claridad de la elección en el distrito más relevante de la argentina es inentendible, sobre todo si se tienen ambiciones presidenciales. Peor aún, una serie de equívocos públicos tragicómicos llevan a que nadie sepa si el PRO está dentro del massismo, si el PRO es opositor al massismo o si esta es una diferencia irrelevante.

En superficie, aflora la tensión entre las estrategias personales de Macri y las de un partido político con ambiciones nacionales y necesidades electorales concretas. Evidentemente, aún las primeras son las más potentes y se sobreimprimen a la necesidad de crecimiento y dinamismo de un partido nuevo y con responsabilidades de gobierno como el PRO. Evidentemente, alguien sugirió y muchos le creyeron, que participar o no de las elecciones en el territorio que reúne el 38% del electorado no conmueve las intenciones presidenciales de Mauricio Macri.

El cuadro empeora cuando se mira la oferta en la Ciudad de Buenos Aires por un lado y la aparición de una opción prolija del peronismo en la propia provincia de Buenos Aires. Con Michetti errática y difusa en los medios y desangelada en relación con elecciones anteriores, con un primer candidato a diputado con fuerte presencia social pero con una clara dificultad de politización, el PRO, sin Macri jugando electoralmente, se recuesta sobre inauguraciones y gestión apurada antes de las primarias. En octubre competirá contra una lista de diputados del Frente Progresista Cívico y Social reforzada por la participación casi en exclusivo en las PASO.

Las elecciones de este año preparan la sucesión presidencial. Terminado el ciclo del kirchnerismo, la sucesión está abierta y el comportamiento de las diferentes opciones políticas en estas elecciones de medio término no es un dato menor.

El PRO puede convertirse en una rareza de esas que son típicas en la política argentina. Un caso único de desperdicio de oportunidades políticas. De qué otro modo podría pensarse que teniendo por casi diez años el monopolio casi exclusivo de la condición opositora termine sin poder competir o haciéndolo en condiciones de inferioridad?
Por el lado del FPCyS, la oferta para el 2015 es heterogénea. Binner querrá revalidar su condición de líder regional, lo mismo que Cobos si triunfa en Mendoza. Las ambiciones de Sanz están allí, intactas desde su despacho en el Senado y si este año llega al recinto Rodolfo Terragno, difícilmente no se tiente con una última oportunidad.

Para los que creemos que el problema de la política argentina es el peronismo, cómo ganarle una elección y cómo gobernar bien, estos datos no son menores. Sociológica y concretamente derrotadas las ambiciones de novedad, la aspiración se reduce a hacer las cosas bien y a no espantar a la ciudadanía con propuestas ilegibles.

Es poco, pero es mucho más que pensar en la eternidad de las incompetencias del proyecto kirchnerista. A diferencia del populismo, que es una oferta cerrada, provinciana y a su modo perfecta, una experiencia democrática se puede mejorar. En un escenario como el actual, una primaria presidencial de toda la oposición no peronista ayudaría bastante.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Antes del 8N

La fotografía está tomada de la excelente producción del Diario Perfil

Simplemente quería dejarles el enlace a la conversación que tuvimos, horas antes de la manifestación, con el amigo Franco Rinaldi, @Frangoyo,  en su siempre memorable chou radial titulado "FRANCOTRANSMISOR" y que sale diariamente de 13 a 15 horas por la radio de la UBA, 87.9 y por internet, en este sitio
La entrevista es muy buena y a mucha gente le gustó, incluido a mi, así que me parece interesante colgarla en QUILT para que se pueda escuchar más y para que quede en la nubecita.
Se puede escuchar haciendo click acá, escuchar la entrevista

lunes, 17 de septiembre de 2012

Telones


El intento es el de descorrer el telón y asomarse un poco para ver qué hay del otro lado, aún sabiendo que analizar posibles escenarios políticos puede y suele tornarse un ejercicio tramposo. La plasticidad propia de la vida pública vuelve inaccesibles algunos contextos. Aumentando la complejidad, las formas de la contingencia actúan de modo tal que nada pueda darse por sobreentendido o interpretado de un modo finalista. Intentar hacerlo lleva el riesgo de la simplificación, pero tal vez valga la pena.

Elijo una descripción posible de la política argentina. Por un lado, el kirchnerismo se deforma cada día como un rostro de los cuadros de Francis Bacon, y por el otro la oposición se obstina en pendular entre la falta de autoestima y la torpeza. Un poco más acá, parte de la ciudadanía empieza a hacer el trabajo que la política no está demostrando poder hacer.

Desde la mirada del gobierno la reelección es una necesidad, material y simbólica, de los círculos íntimos de la presidente. A estos se les suma el grupo heterogéneo de quienes viven su segunda juvenilia con gusto de revancha personal y los jóvenes funcionarios que han encontrado su aleph político justificado por arengas emancipadoras, ruidos de resistencia y poder económico. Pese a sus poco inspirados argumentadores intelectuales, las posibilidades de reelección son casi nulas. Entre los votantes no kirchneristas de Cristina, la idea no convence y hasta es resistida en grupos bien cercanos al gobierno. Más allá de algunos grupos tan interesados como sectarios, la reelección no tiene ningún defensor de relevancia. Cuando el kirchnerismo sepa que no puede reelegir, se verá de seguro alguna de sus peores caras. No es posible ahora decir cómo procesaran y nos harán procesar a todos ese fracaso, pero podemos estar tranquilos que no nos lo evitarán.
La oposición, por su parte, maneja un menú de ineficacias lo suficientemente amplio como para no entusiasmar a nadie y aún no ha encontrado ni el tono, ni la sensibilidad ni la inteligencia para aprovechar las hermosas oportunidades que le otorga la descomposición cotidiana del kirchnerismo. No es capaz de implantar agenda, pero tampoco de responder a la agenda del gobierno, no tiene recambios generacionales frente a un oficialismo repleto de caras joviales y frescas y, como un punto nada menor, no logra hacer emerger un primus inter pares que pueda interpretar los deseos ciudadanos y transformarlos en esperanza social.

Bajo estas estrellas, el jueves pasado, mucha, mucha y variada gente, personas, hombres, mujeres, jóvenes, no tanto, viejitos, bien vestidos y mal vestidos, salieron a la calle a protestar porque no les gusta la manera de gobernar del kirchnerismo. Las consignas no eran claras, ni siquiera eran atractivas, pero las manifestaciones fueron sorprendentemente amplias, plurales y repartidas en todo el país. Ni analistas, ni políticos ni intelectuales pueden tomar a la ligera un acontecimiento como el del jueves ni pensar que no existe política, por el sólo hecho de no comprender del todo la convocatoria. Más allá de la negación brutal y mal educada que el propio gobierno hace, la oposición también debe anotar que algunos párrafos, no pocos, les fueron dedicados.

Las posibilidades escénicas de la política de futuro cercano se acortan aunque sea un poco. El kirchnerismo, imposibilitado de reelegir, tendrá que optar por una locura (no me imagino cuál), por desmontarse y trabajar en otra opción cuasiperonistas (en su ignorancia política han esmerilado y maltratado a Scioli hasta el punto de convertirlo, casi, en un opositor), o por exagerar la mueca emancipadora y el relato épico y presentarse solos a conseguir el escuálido número de votos que les permite la cacería dentro de sus propias alambradas.

El mazo de cartas de la política contiene estas realidades del oficialismo, las inconsistencias de la oposición y las manifestaciones populares del jueves pasado. Con todo esto hay que diseñar un juego nuevo, una repartija distinta y creativa.

Como decía mi abuela Lina, hay que hacer de la necesidad, virtud. En este caso, creo que una de las posibilidades políticamente más aventurada es la de plantear con seriedad una primaria abierta de toda la oposición, sin retaceos, bolillas negras ni tarjetas rojas. Esta posibilidad reúne muchas ventajas, y sobre todo, ayuda a disminuir el tamaño de las debilidades. En primer lugar muestra un pluralismo y una apertura que pueden ser símbolo exacto de la discusión frente al populismo beligerante del oficialismo. Por otro lado, en el caso –para nada descartable- de que algún partido o facción se niegue invocando límites, sobreideologizaciones, o consideraciones morales, tendrá que explicar porqué le niega al conjunto de la ciudadanía la capacidad de elegir. En este mismo camino, una primaria de este estilo permite rescatar algo de lo que anda suelto por ahí bajo la forma indefinida de los cacerolazos y las manifestaciones. Volver política una manifestación popular es darle a los manifestantes la posibilidad de elegir y tomar decisiones relevantes. En este caso, esa relevancia es la de componer los liderazgos hacia las próximas elecciones. El escenario presidencial de 2015 admite un experimento de esta naturaleza, pero más interesante aún seria comenzar en algunos distritos relevantes -la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo- en las legislativas de 2013. Esta opción puede ayudar a  evitar la pequeñez del sistema político que se tentará, una vez más, en usar las legislativas del 2013 como una oportunidad de “contarse las costillas” e imponer números rídiculos sobre situaciones políticas complejas para satisfacer la búsqueda de espacios institucionales que sólo preservan la vida de los mandarines partidarios.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Con V de Voludez


Ese animal político informe que es el kirchnerismo se empeña en hacernos creer que lo mejor – incluso lo más inteligente - es no tomarlo en serio. Casi todos los días y gracias a la particular manera de entender la publicidad de los actos de gobierno que tiene su líder, nos propone una manera superficial y empequeñecida de mirar lo que pasa entre nosotros.
Las cosas, por lo general, no son lo que parecen. O más bien no son sólo lo que parecen. Hace rato el kirchnerismo se ha convertido en su espejo barroco. Buscando superarse, fuerza el espanto y explora la falta de límites estéticos y políticos. Lo que podríamos pensar como el pasaje de un lenguaje épico a otro torpemente ligado al  espectáculo tiene, por cierto, otros componentes. Si por un lado muestra su aplastante frivolidad, a esta se le corresponde en sentido inverso una formidable capacidad de disciplinamiento social y un gran talento para gestionar el conflicto autoinflinjido.La gobernabilidad populista propuesta por el kirchnerismo en complicidad intelectual con el resto de los políticos profesionales argentinos es la contracara del sainete ridículo que propone cuando se trata de comunicar.

El costado desopilante del gobierno hace aparecer a los análisis juiciosos como un ejercicio de magnificación intelectual. Pareciera que es mejor no dialogar con sus estupideces y esperar al próximo papelón. Pero lo cierto es que los que producen hilaridad y vergüenza son los mismos que recortan las posibilidades de elección individual, amenazan por cadena nacional y se desentienden de acciones de torturas que suceden en comisarías de provincias que manejan desde hace 30 años. Por lo tanto, y más allá de considerar las extravagancias, los malos chistes y los excesos como una nota lamentable, cometeré el sociologismo de tomar al gobierno a partir de las consecuencias que propone y que nos son, lamentablemente, ineludibles.

La escena de esta semana se la lleva el Vatayón Militante, un grupo de personajes que pasea presos comunes por actos oficialistas y que encuentra en los argumentadores kirchneristas excusas nobles como la reinserción y la resocialización. Mirando en facebook el decálogo de la agrupación (acá) podemos dejarnos tentar por no considerarlo, por menospreciar la potencia de las palabras y quedarnos en el chiste sencillo. Ellos mismos alardean de la equívoca ortografía y la justifican porque con v corta también se escriben verga, vino, victoria y vagina. Esta hormonal definición no opaca otras, también interesantes. Dicen que son fieros en la ternura (lo habrán aprendido de Guevara) y que andan por ahí haciendo ruido al reproducirse, cómo alguna vez dijo el general. Se piensan a sí mismos, los del vatayón, desde la cultura nacional y popular. Y sin esperar que nosotros la definamos, lo hacen ellos. La cultura nacional popular es sucia, relegada, excluida y de base (?). El vatayón deja claro, para los desprevenidos de siempre, que es peronista y por añadidura kirchnerista.

Entonces, ¿Qué cosa obtura una mirada risueña sobre este vatayón? En las cárceles argentinas mueren más personas por actos de violencia que las que mueren por pena de muerte en los Estados Unidos. La situación de habitabilidad de las cárceles argentinas es subhumana, se mezclan presos de distinta calificación penal y se los hace convivir con la indignidad y la miseria. Frente a la completa y demostrada ineptitud del gobierno para hacer algo con el tema de la inseguridad, la respuesta es ampliar las cárceles, y si no hay presupuesto, acondicionamos containers como quería el inefable Felipe Solá cuando era kirchnerista, primera época.
Mientras tanto y lejos de la hojarasca banal del stand up cristinista, habrá presos que podrían y esperan hacerlo y que no saldrán cuando les corresponde, habrá visitas no autorizadas y habrá golpes y maltratos. La extensa parte conservadora de la sociedad argentina justificará lo peor de sus argumentos bajo la mirada atenta del hipotético progresismo del gobierno. Habrá también, como bien y rápido lo denunció la diputada María Luisa Storani, un bastardeo de instituciones nobles. Como respuesta, desde el poder hablarán de Clarín, de la dictadura, de los compañeros desaparecidos y de Eva Perón, pero todo lo otro seguirá pasando.

Queda claro el resultado de la voludez populista de Cristina Kirchner y su corte de aplaudidores y justificadores. Nos ofrece un empequeñecimiento de los debates y una sensación de aburrimiento que se parece mucho al vacío. Dice Félix de Azúa en su maravilloso Diccionario de las artes que el aburrimiento es un gran anunciador de cambios profundos. Habrá que hacer aparecer algo que llene la nada del aburrimiento kirchnerista. Hace un tiempito que parece que esto está por terminar, por el bien de todos, ayudemos creativamente a que eso suceda.




miércoles, 11 de julio de 2012

Con Franco Rinaldi en su chou radial diario

Estimados, les dejo el audio de la charla que tuvimos con Franco Rinaldi en su programa Francotransmisor, por radio UBA. Hablamos de política claro, bajo el influjo inevitable de la cadena nacional que acababa de terminar. Sirva para abrir un nuevo ciclo en QUILT.



viernes, 17 de febrero de 2012

El Estado kirchnerista frente al despertar de los monstruos


La literatura está repleta de historias, malas y buenas, de monstruos que se vuelven contra sus creadores. La política, finalmente una de las formas de la literatura, regala cada tanto una actualización del género, las más de las veces, envileciendo al creador al mismo tiempo en que desaparece el monstruo.

Uno de los pilares discursivos del kirchnerismo fue, durante un largo período de tiempo, que nunca iba a reprimir la protesta social. La fábula kirchnerista navegó, hasta donde pudo, haciendo alarde de esta conquista. El secreto, la ganancia para el gobierno, residía en que esto debía verse como un avance en el sentido de los derechos del pueblo. “Cuando el pueblo se expresa, el gobierno popular no reprime”, ahí la máxima populista.

Este haiku populista tiene un problema formal insalvable. La pretensión del relato ficcional del kirchnerismo pretendió inaugurar una doctrina de la relación entre el Estado y la utilización legítima de la violencia. Incluso si no se tiene ganas de llegar demasiado lejos en la teoría, lo mínimo para decir es que el discurso del gobierno se restaba a si mismo capacidad de autoridad y, con ello, también soberanía.

Ahora saben los kirchneristas lo que siempre supimos todos. No es posible suspender, por un acto de performatividad del lenguaje, la imprescindible relación entre Estado y represión. Puede gustarnos un poco más o un poco menos, pero la negación de esa relación terminará por agigantar al monstruo.
Decir esto no es decir que todos los Estados, por sólo serlo, deben prepararse para reprimir. Lo que sí implica, necesariamente, es una discusión muy potente, muy vigorosamente democrática, de los modos y las formas en que esta relación convive con la sociedad. No hay una única manera de encarar el conflicto y no todo conflicto debe llevar a instancias represivas, pero para llegar a esta forma es imprescindible no negar una situación definicional, en términos teóricos y prácticos, de la experiencia social.

Una de las maneras más interesantes de licuar la violencia en esta relación es la de reformular el conflicto pensándolo en otra clave. Se puede promover dejar que la confrontación deje paso a la colaboración y percibir, en cada conflicto particular, de qué modo contemplar primero los intereses de los más débiles. Al mismo tiempo, no es necesario dejarse ganar por la sencillez del “alguien tiene que perder” y se puede pensar en el crecimiento colectivo.

Una experiencia populista como la que vive Argentina no puede llevar adelante una política de este tipo. No tiene la sensibilidad ni el talento como para no dejarse ganar por el belicismo discursivo que propone la creación de un enemigo cada vez que pierde el rumbo.

Habrá que ver qué sucede cuando otros monstruos vayan despertando de su siestita ficcional.