domingo, 17 de abril de 2011

Para hablar de otra cosa, o la institucionalización de un frente reformista

La política de estos días, muchas veces, nos hace sonrojar. Nos ponen colorados de vergüenza algunas declaraciones, algunos trascendidos y sobre todo, la falta de una acción concreta, sencilla, determinada y entusiasta hacia la construcción de una opción reformista que se plantee frente a la prolongación temporal del populismo peronista en su versión K. El único espacio que me interesa problematizar en este caso, por cierto, es el que me convoca, el de la construcción de un frente progresista (Dios sabe que me gustaría otra denominación). El tiempo que transcurre sin adelantar ni un paso es tiempo que se escurre de nuestra propia asunción de responsabilidades para con aquellos ciudadanos que necesitan de un sosiego para la inútil y efímera agitación que propone permanentemente el gobierno. El tiempo que pasa no es una variable menor que no hay que tener en cuenta a la espera de que la dinámica de los hechos acomoden todo de la peor manera en el último día. Los líderes posibles de un frente progresista tienen una responsabilidad mayor que nadie en no dejar que la desidia gobierne sus pensamientos y sus actos. Hay demasiada gente comprometida en que no se alumbre una genuina expresión política reformista y la política argentina quede enredada en un juego absurdo entre un peronismo siempre dúctil y preparado para el cambio de rostro y un polo de derechas más o menos moderno e impolítico. La tranquilidad de muchos reside en que un sistema de partidos así articulado no genere posibilidades de alteración de una agenda pública que viene poblando sus bolsillos. Muchos de los problemas de desperfilamiento (que he señalado en otros artículos de QUILT) se ahorrarían si existiese una lógica institucional de construcción de un frente político entre las fuerzas reformistas.

Cuanto más pasa el tiempo, cuantas más declaraciones hacen sus supuestos miembros, cuantas más manifestaciones políticas se escuchan y leen, este tópico aparece en su mayor relevancia. Ahora bien, si es que vamos a proponernos como algo nuevo, tenemos que mostrar que podemos empezar por ser novedosos con nuestras propias estructuras decisionales. Plantear la institucionalización del Acuerdo Progresista es un paso indiscutiblemente importante como punto de partida para una nueva etapa institucional Argentina. Esta institucionalización puede hacerse de diferentes maneras, la que a mi juicio reúne mayores ventajas es la conformación de una confederación de partidos en la que nadie renuncie a sus pertenencias previas. Otro punto importante es la cuestión central de la construcción de liderazgos. En este sentido, sería prudente la incorporación de una manera novedosa de procesar los conflictos en una nueva clave democrática que a la vez permita, genuinamente y no sólo en el discurso, la posibilidad de acumulación política por fuera de las estrictas fuerzas partidarias. Aquí, la experiencia de las primarias súper abiertas con registro individual puede ser la herramienta más revulsiva que pueda plantearse. La institucionalización permitirá elevar también la barrera social de salida de los compromisos políticos, es decir, aquella fuerza que se descomprometa con el programa del frente se descompromete también de la ciudadanía. Por otro lado, cuestión nada menor, permitirá institucionalizar democráticamente los conflictos y puede promover la existencia de equipos integrados por todas las fuerzas que ayuden a encontrar modos comunes de enunciación, de interpelación social que presenten una fuerza política distinta. El Frente institucionalizado tiene una obligación reformista ineludible con la reforma del Estado y la reforma política porque es, o debe ser, en cierta medida, el instrumento de esas reformas. Se reforma para reformar.

Es necesario hacer ya una conferencia de prensa en la que todos los referentes importantes del Frente progresista del país se presenten juntos anunciando la institucionalización del espacio y la conformación de una experiencia política nueva. Proponerse desde esa posición como opción a la ciudadanía, apelando a la necesidad de consensos amplios y marcando la agenda que reúne al nuevo espacio. Es posible imaginar, en medio de este escenario caótico e impredecible, lo que sucedería si los referentes asumen con claridad una postura de relacionamiento con la ciudadanía diciendo: “Este es el acuerdo progresista que presentamos a la Argentina para gobernar tras el kirchnerismo y vamos a construir una nueva fuerza política que de racionalidad a la política Argentina”. Algo tan elemental sería hoy un revulsivo fuerte que podría provocar un estado de politización muy importante.

En estos días, algo muestra la derrota más ostensible de la política y de sus capacidades de acuerdo y de trabajo responsable. Echar mano a la presencia de colectoras es un atajo poco democrático y empeora aún más la relación entre la política como práctica y la sociedad. Frente a este sendero empobrecido, se muestra un horizonte más difícil, más arduo, pero también más estimulante. Redemocratizar la patria desde una nueva institucionalización que deje atrás el camino de la simplificación y la mezquindad.

8 comentarios:

Javier Ernesto dijo...

Lo peor que pudo sucederle a nuestra Democracia, fué el quiebre y desmembtamiento de sus principales Partidos Políticos, llámese UCR y Peronismo. Esta atomización, pensada y ejecutada por personajes como Kirchner, dieron lugar a lo peor de la prostitución política e ideológica, pero además, a las metamorfosis de políticos alineados hoy con una ideología neoliberal; mañana con una progre; etc. Lavan sus rostros; sus conciencias y sigue la fiesta. Necesitamos, definitivamente, de un bipartidismo fuerte y con reglas claras, como sucede en los Países serios del Mundo.

Felipe dijo...

Me imagino que que para Javier , Uruguay debe ser un país "serio".

El frente progresista argentino ( es decir una centro izq no populista), bien podría inspirarse del armado institucional de las fuerzas que conforman el frente amplio.

Pero lo que por sobre todo debería inspirar a sus emuladores locales, debería ser el hecho que el FA no tomo atajos.
El FA no se alió con colorados ni blancos como si parecen dispuestos a hacerlo el gen y el PS con la UCR.

Si persisten en aliarse con la UCR no hay institucionalización que los ponga al resguardo de una conservadurizacion de ese armado político

Gabriel Palumbo dijo...

Javier, Felipe, gracias por participar. Felipe, como es su costumbre, anatemiza a partidos políticos, sostiene temerariamente posiciones teóricas descabelladas y pretende colocar a todos en una situación de incomodidad. Es Felipe, y lo queremos así. Desde mi punto de vista, es imposible llevar adelnate un Frente Progresista en la Argentina sin la convocatoria a la UCR. Desde el punto de vista de la necesaria estructura nacional este punto es tan administrativo como relevante. desde posiciones más estrictamente políticas, no tengo ninguna duda que entre las filas del radicalismo están los mejores y más formados e intencionados cuadros de la nueva generación política Argentina. La cultura política del radicalismo, por lo demás, es no sólo necesaria sino imprescindible, en una convocatoria de este tipo. Desde ya que esto no me dificukta percibir los rasgos conservadores que muchas veces asume el radicalismo como así tampoco me impide caracterizar su actuación en los últimos tiempos. De cualquier modo, hay que decir también, que quienes nos propusimos participar de experiencias superadoras, nos encontramos también con fracasos estrepitosos y que los amigos que se quedaron bancando desde el radicalismo hoy están más lúcidos y preparados que ayer.
Sobre lo que dice Javier, acerca de la necesidad de bipartidismo, tengo mis objeciones. Ancladas en ciertas particularidades de nuestro sistema político, la búsqueda del bipartidismo como reaseguro de cierta normalización del sistema de partidos asume un costado irrisorio. Si bien en cierto que en lugares serios (y vaya si Uruguay lo es, no sé que tipo de sustancias consume Felipe a veces) esto opera así, convengamos que no cuentan con uno de los partidos con las características de nuestro peronismo.Para decirlo en forma sintética, no hay Varguismo en Brasil, Hayadelatorrismo en Perú, ni feismo en Chile. Paradojsa del destino, el país que parece más dinámico tiene en sistema cultural-político más conservador de todos.

Felipe dijo...

Tal vez suene crudo , dicho así tan directamente, pero la primavera alfonsinista fue una anomalía en la historia del radicalismo posirigoyenista

El radicalismo no tiene base social para darle sustento a políticas de centro izq.
No solo me baso en las sustancias que ingiero para decir esto. Basta con seguir las votaciones de sus senadores en la ultima década

Gabriel Palumbo dijo...

Felipe, te sugiero que hagas un curso de historia argentina y te encuentres con los hechos producidos por los que hoy son tan progres y tan nacional populares, a ver si tu apego a la empiria se mantiene tan firme. Y otra cosa, si el alfosinismo de los primero ochenta fue una anomalía, habrá que hacer lo posible por normalizarla e institucionalizarla, aver que pasa

Javier Ernesto dijo...

Felipe: sin ánimos de ofenderte, me gustaría saber si hablás desde tu ignorancia o desde un fanatismo desenfrenado. Con la UCR llegó el Voto Secreto; las primeras Banderas de la Justicia Social; la llegada al Poder de la Clase Media y Baja; recuperamos la Democracia; encarcelamos a los responsables; propusimos Sociedades Mixtas en Empresas Estatales y no su eliminación como lo hizo Menem con aliados como los Kirchner; etc.; etc.; ect.
Es importante resaltar, que los males de la Argentina se iniciaron con la llegada de Perón y su "Peronismo" y su "Sindicalismo". De ser una potencia mundial, llegamos a este lamentable presente, abrazados a Hugo Chávez e ignorados por los Países serios del Mundo.
Y pensás que el Radicalismo no puede hacer algo mejor qe esto???

Felipe dijo...

Javier,
 
“Es importante resaltar, que los males de la Argentina se iniciaron con la llegada de Perón …”
 
Sos consciente de las categorias que usas ?  Hablas del MAL !!! Es peligrosísimo usar esa terminología al hablar de politica.
 
En ningún momento use una terminología similar … simplemente dije que el radicalismo no pertenece a la centroizquierda.
Para peor entras en el plano personal (cosa que no hice con vos) tratándome de ignorante y fanático.
Hasta hace pocas horas solo tenia la convicción que en el radicalismo no habia espacio para políticas de centro izquierda.
Con actitudes asi contribuís a que refuerce otra creencia … que el radicalismo no es garantía de tolerancia y respeto a quienes piensan distintos

Anónimo dijo...

Siga proponiendo llamar a conferencias de prensa, que quizás algún día consiga hacer de la virtualidad una construcción anclada en algún sujeto político. No hay ningún actor colectivo pidiendo ese frente, amigo. Si no me cree, convoque a un acto. O mejor, siguiendo con la virtualidad, convoque a una encuesta a ver cómo dan los números.