sábado, 9 de octubre de 2010

¿Y a quién le importa si sociales desaparece?

De la buena cantidad de preocupaciones que genera la mirada sobre el conflicto que se manifiesta en la toma de la facultad de ciencias sociales de la UBA, uno, sobre otros, me llama la atención y me alarma.

Entrados en la séptima semana de toma, ningún actor de relevancia, ni del ámbito intelectual, ni del periodístico, ni del político (y en los tres hay personas concretas vinculadas con la facultad) ha decidido darle visibilidad al conflicto y problematizar, desde el reconocimiento, que importa en algo una facultad dedicada a lo que sociales se dedica.

De ponernos a pensar en la desaparición de Sociales, llegaríamos a la conclusión de que a pocos, demasiado pocos, les importa ese destino. Pensemos un instante porqué esto es así.

Resulta claro que a los que están llevando adelante la toma lo animan espíritus de cualquier naturaleza menos la del conocimiento. Sea el de la revolución, el de la gastronomía (curiosa y repetida muletilla) o el del espíritu santo, el conocimiento en las ciencias sociales no figura dentro del millón de prioridades de los “tomistas”. Mientras tanto, las autoridades de la facultad tardaron cinco semanas en darse cuenta que algo tenían que hacer y su primer reacción fue escribir (de alguna manera hay que llamarlo) un comunicado en lo que lo único que importaba era, claramente, no ser corrido por izquierda.

En la facultad de sociales hace mucho tiempo que hay cuestiones por discutir – y no me refiero al edificio único- y puede que alguna de ellas estén relacionadas con el escaso poder de convocatoria que, por fuera del “universo sociales”, tiene nuestro actual estado de cosas. Hace mucho tiempo, puede empezar a medirse en décadas, que la facultad ha tomado un peligroso camino. Por un lado se han priorizado lógicas de agregación política por sobre las académicas e intelectuales y por el otro no se ha reflexionado lo suficiente sobre el papel de las disciplinas sociales en el difícil camino de construcción de una sociedad democrática. Sin desmerecer, nunca podría hacerlo, el carácter político de nuestra universidad, nada bueno puede suceder si perdemos de vista que el objeto que nos permite desplegar esa dimensión política responde, en realidad, a otro registro. Este esquema derivó, por sus consecuencias, en la expulsión de muchos de los mejores profesores jóvenes y en el empobrecimiento de la oferta académica, tanto en obligatorias como en optativas. Al no pensar lo que iba a suceder por rendirse tan cómodamente a la lógica de acreditación permanente y a no reflexionar por sí misma acerca del problema planteado por la tensión entre masividad y gratuidad, la facultad se obstina en ser pensada por otros al tiempo que vocifera desde un autonomismo vacío y simplificador. En el mismo sentido, la falta de pensamiento alrededor de los excesos en torno a la profesionalización por un lado y a las lógicas de premiación no meritocráticas por el otro, han terminado por armar un barro de dificultades bajo la forma de cátedras paralelas, optativas fantasmáticas que responden a compensaciones de tono personal, amistoso o político y extrañas asimetrías al interior de las cátedras.

Con todo, esto no es lo peor, lo más doloroso de todo este proceso es la desresponsabilización afectiva que se promueve, de manera directa e indirecta, desde hace mucho tiempo y cuya formulación final es la de una falta de amor al conocimiento, a la lectura y al trabajo intelectual. Llegados hasta aquí, cabe la pregunta, ¿es tan difícil imaginar el porqué de la invisibilidad de nuestros problemas? Cuando en el lugar desde donde hipotéticamente debieran surgir las reflexiones que propongan soluciones ya no para una facultad sino para un país, no se discute lo mínimo, no se le puede pedir al resto que nos preste atención. Cuando los mismo que debieran cuidar la institución, la destruyen, no resulta raro que mañana, pasado o traspasado, la ausencia de la facultad de sociales pase por entero desapercibida.

8 comentarios:

Jopa dijo...

Totalmente de acuerdo Gabriel. Lamentablemente, creo que se trata de un proceso irreversible. Como institución, Sociales tiene demasiados problemas estructurales como para producir contribuciones significativas e influyentes para la sociedad. Por ahora, sigue ofreciendo una buena formación de grado, pero carece de incentivos para que quienes buscan especializarse se queden.

Facundo Calegari dijo...

Gabi, amigo: me animo esta vez al comentario de una de tus notas. Comparto por entero la caracterización y me permito plantear, así al paso y sin demasiada consideración, casi como una especulación, un interrogante que confieso se me hace de esquiva respuesta: sencillamente ¿cuál es la solución? Pero no me refiero especìficamente a la toma, me refiero a la problemática reduccionista del "autonomismo" en el marco de una institución vaciada de ideas, de reglas polìticas mìnimamente civilizadas y, como vos decís, vaciada de amor por la investigación, la lectura y las ciencias sociales en general. ¿Hay que pensar unívocamente en una salida autoritarista a los males que aquejan a sociales? Lamentablemente, la notable desafección de la comunidad académica para con la facultad (teniendo en cuenta la intervención tardía de las autoridades, la pobrísima y reciente proclama de los directores de las carreras y la imposibilidad de la militancia estudiantil de construir siquiera algo lo suficientemente "racional" como para hacer pagar el precio polìtico a los actores de siempre) dejan demasiados espacios para resoluciones, digamoslo, no promovidas en el marco de acuerdos no forzados y desacuerdos tolerantes. Todos esperamos que esto no pase, y de ahì la pulsión que nos interroga sobre alguna vía resolutiva, lo más institucionalizada posible...
En fin, es sólo una especulación y un interrogante...
Abrazo
FC

Gabriel Palumbo dijo...

Facundo, la verdad es que no creo que exista una solución. Se requiere de acores que no percibo, de ideas que faltan y de sensibilidades ausentes por completo. También hay que decir que es imposible la concreta desaparición, por lo que creo que lo que hay que esperar es una mediocracia instala en términos de autoridades, una creciente irracionalidad en las expresiones políticas radicalizadas y una nula respuesta de las demás. Lo que creo que sucederá es que veremos una facultad que desaparece en términos simbólicos, viviendo de las rentas del antiguo prestigio y perdiendo profesores y estudiantes en manos de otras universidades nacionales más serias. Otro camino, que no descartaría del todo pero que pondría las cosas en un lugar, ahí sí, de final imprevisible, es que finalmente el rectorado se canse de las estupideces y cometa una mayor; intervenir la facultad. eso sería realemente grave, sobre todo por las reacciones internas, imaginemos un poco que si estamos en esta situación por un conflicto falso e inverosimil, pensemos a los mismos actores frente a problemas verdaderamente serios y sólo nos queda espantarnos.

Ana dijo...

Muy bueno Gabriel.
Pregunta: sucede algo muy diferente en la educación en general en el ámbito público?(y del privado - a grandes rasgos - ni opino) La falta de amor al conocimiento, a la producción intelectual, a la formación, a la lectura crítica, etc, etc son males que nos vienen aquejando como sociedad desde todos los ángulos...me parece...
Sólo nos queda espantarnos? Es triste.

enelpaisdelosciegosestuertoesrey dijo...

Premonitorio lo suyo, Gabriel, ya que el post salió unos días antes del desaforado ataque al ministerio.
Ver a los ciento y pocos descerebrados de sociales jugando al heroicismo sin inteligencia, a la imposición por la fuerza, a la imposibilidad de generar otro tipo de estrategia generadora de dialogo, encapuchados, armados con palos, destruyendo todo a su paso, ahuyentando a los empleados públicos que allí trabajan, lejos del humanismo que debería profesar y enmarcar a esa facultad específica, anula todo lo que desde esa facultad debería proponerse: dialogo, ideas, ejercicio de la razón crítica.
En otra época hubiera pensado que era una locura que no existiera, pero hoy considero que sería mejor que no exista, ya que no produce nada de lo que debería producir.
Habría que construirles un edificio y transformarlo en algo mejor, un hospital, un centro de asistencia social, o una biblioteca pública.
Saludos!

Gabriel Palumbo dijo...

enelpaís...., es cierto, creo que para quienes, por cualquier circunstancia, nos acercamos a la universidad temerosa y esperanzadamente, casi como pidiendo un permiso que no teníamos, la decepción es aún más grande. casi, casi estoy de acuerdo en que podría destinarse el espacio para un fin mejor, pero sólo si nos ponemos a trabajar para paoner al pensamiento a funcionar allí donde se nos ocurra y con los materiales que tengamos a la mano. Gracias por pasar.

Gabriel Palumbo dijo...

enelpaís...., es cierto, creo que para quienes, por cualquier circunstancia, nos acercamos a la universidad temerosa y esperanzadamente, casi como pidiendo un permiso que no teníamos, la decepción es aún más grande. casi, casi estoy de acuerdo en que podría destinarse el espacio para un fin mejor, pero sólo si nos ponemos a trabajar para paoner al pensamiento a funcionar allí donde se nos ocurra y con los materiales que tengamos a la mano. Gracias por pasar.

Gabriel Palumbo dijo...

enelpaís...., es cierto, creo que para quienes, por cualquier circunstancia, nos acercamos a la universidad temerosa y esperanzadamente, casi como pidiendo un permiso que no teníamos, la decepción es aún más grande. casi, casi estoy de acuerdo en que podría destinarse el espacio para un fin mejor, pero sólo si nos ponemos a trabajar para paoner al pensamiento a funcionar allí donde se nos ocurra y con los materiales que tengamos a la mano. Gracias por pasar.