viernes, 5 de agosto de 2011

Amarillo

Una elección es, afortunadamente, mucho más que la distribución en bancas de la voluntad ciudadana. Alrededor de las elecciones se amuchan una cantidad de relatos, de palabras y acciones que enriquecen la experiencia. Las elecciones en la CABA, o más bien las reacciones que esta ha generado, dan espacio para pensar. Luego de advertir acerca de lo obvio, que el PRO obtuvo su ratificación con más votos que en la elección anterior, hay que decir que algunas de las maneras en que se trata la cuestión han revelado su insuficiencia. Insistir con que el macrismo se reduce a un ejercicio de globología amarilla sin política es de una simplificación aplastante. Pensar al PRO como a un conjunto de muchachos bien que se juntan a bailar tras ganar una elección o como a una continuación sin fisura del neoliberalismo de estilo menemista, demuestra, más que cualquier otra cosa, la estatura del análisis. Un paso más lejos, las observaciones más temerarias, aquellas que emparentan a Macri y su partido con el fascismo y hasta con el nazismo, revelan que muchos habitantes de la hipotética constelación izquierdista, por carecer de una sola idea, recurren a una simbología reconocible y odiable que los mantiene tranquilos y sosegados en su posición política.

El PRO es muchas cosas, sobre todo un mal gobierno, pero no es, como le encantaría que fuese al progresismo profesional, un ejercicio apolítico. El PRO hace muchos años que viene trabajando sobre la desilusión propuesta por los grandes partidos y sobre el fracaso administrativo y ético de las gestiones anteriores. Hace rato que el PRO camina el sur de la Ciudad en busca de la representación, tan compleja como certera, de los punteros del peronismo. También hace tiempo que se aprovecha de las sinuosas identidades y conductas de parte del radicalismo. Y también ha sabido generar algunos espacios de construcción de ideas, bajo la forma de fundaciones y equipo técnicos. Se ha dado también una política, artera, clientelar y populista para las elecciones en las villas. Hace demasiado tiempo que el PRO se aprovecha de las debilidades de sus adversarios, de su falta de ideas y de su falta de compromiso con la novedad. Se aprovecha el PRO de la mezquindad ruinosa del progresismo de la Ciudad y de su declinante manera de resolver los liderazgos.

El PRO, en la Ciudad de Buenos Aires, tiene una oposición, que se presume y se ve a si misma, se encanta a si misma, como progresista. Las más de las veces, como en las viejas cofradías barriales, los miembros de esa oposición, aún cuando estén en distintos partidos, se miran, cómplices, se guiñan el ojo –izquierdo- frente a las cosas que hacen los de PRO. En ese jueguito placentero, individual, mucha de la oposición oculta la responsabilidad que le cabe en que el PRO gobierne desde hace cuatro años y lo haga por cuatro más.

La actual oposición gobernó una década, hizo cosas buenas y otras no tanto, como cualquier gobierno, pero nunca, -este pareciera ser la primera ley en el decálogo no escrito de la progresía argentina- hizo una autocrítica seria, llevada a la práctica y concreta sobre su paso por el gobierno. Basta mirar los diarios de 2003 y buscar los personajes políticos de la ciudad, salvo lo que se murieron, están los mismos disputando los mismo lugares. Despojados del mínimo grado de responsabilidad política, personajes que formaron parte de un espacio político cuya inoperancia y corrupción cobró vidas de un modo tan absurdo como brutal, se colocan en el lugar de “armadores”, de privilegiados actores de una trama mal escrita y pésimamente rematada.

Otros, más enjundiosos, eligen posar de líderes populares, pasan de un lugarcito caliente a otro como para no perder temperatura y se aseguran que nadie les diga nada, no hay que lastimar la sensibilidad popular del luchador. La cultura, siempre de izquierda la cultura, acompaña, se asquea, se pone blasfema, dibuja mal, guiona peor, desafina hasta lastimar el tímpano. Pero eso sí, los unos y los otros del progrerío hacen fila para tomarse la temperatura espiritual. Cuando les llega su turno certifican haber hablado mal de la derecha, haber presentado este o aquel amparo, haberse opuesto a la iniciativa que profundizaba no sé qué cosa.

En la última elección el PRO obtuvo el 65% de los votos gracias a otra genialidad progresista. Si descansaran un poco, no estaría mal.

La política de la Ciudad de Buenos Aires está muy complicada y hacer esfuerzos para simplificar los análisis no parece un gran negocio. La oligarquización y la miopía de las dirigencias de los partidos del progrerío y la desaparición del radicalismo como fuerza que sostenía un ideario variado pero finalmente republicano y liberal no muestran demasiadas expectativas para el futuro.

Habrá que ver como se enhebran los esfuerzos para juntar a los mejores, es decir, a los que no se creen mejores que el resto. Habrá que juntar a los que quieren compartir una experiencia sin excluir de antemano y sin cerrar listas antes de empezar. Los que estén seguros que son mejores que los demás, que se vayan a dormir la siesta. Hay que discutir la política de la CABA en oposición a un macrismo que tiene un respaldo popular enorme y justificado. Deberemos ampliar mucho la mirada, discutir menos desde una posición moral y admitir que tenemos frente a nosotros una forma política. De lo contrario va a resultar difícil, y hasta frustrante.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por los halagos sobre mi baja estatura académica que me toca al relacionar al macrismo con el menemismo.
GP, la relacion entre macrismo y menemismo es más de un orden sociológico que de un orden político. Ojo, esto no quiere decir que no haya una relacion entre kirchnerismo y menemismo en el mismo orden social.

Coqueteo en abundancia cuando ud habla de que son los mismos personajes los que se vuelven a presentar una y otra vez a las elecciones. Pero cuando ud hablar de que el macrismo tiene un apoyo popular y justificado... justificado como? y es aquí querido amigo donde creo que las aguas se dividen por dosm cauces distintos. En mi visión como siempre modesta por el lugar que me toca en una actitivdad académica todavía inexperta, veo que la sociedad voto un producto, si GP volvemos a la misma teoría que décadas atrás pero con una innovación, hoy en día en el supermercado electoral se eligen los productos sin mirar la fecha de vencimiento, se votan candidatos contradictorios entre sí mismos. Se me ocurre pensar, asi salvajemente que un 7% del electorado que voto al macrismo va a votar a Cristina.
El macrismo apuesta mas a un marketing político (excelente marketing!) que a una política de inversión económica que sea tangible en cada esquina de la ciudad: Me pareció fascinante las tres frases con las que afrontó su campaña, frases vacías que invitaban a un optimismo y pacificidad utópicas. Ud lo sabe, yo le conté de mi proyecto y que tuve la oportunidad de asistir al carnaval macrista, e hicimos una muestra de 15 personas la cual solo una sabía que cosas se habían hecho en la ciudad de buenos aires.
Por eso, el voto popular no me parece justificado, o sí, pobremente justificado, apolíticamente justificado.
Con respecto al sur de la ciudad, haciendo un análisis de los resultados... sacó una pequeña ventaja en los comuneros del sur.. asi que no sé que tanto influyó el trabajo sobre los punteros pejotistas .
Santino

Gabriel Palumbo dijo...

Mi estimadísimo Santino, no personalice. Nuestras conversaciones no motivaron esta nota, más bien la certificaron. Sigo pensando, como hace años, en que la mirada que tiene el progresismo sobre el PRO es de una torpeza importante. Y claramente esa torpeza no se expresa en usted. Por otro lado, no creo en clasificaciones académicas para sostener argumentos políticos, se es inteligente o no se es, no importa si hay un doctorado de por medio, Usted es inteligente y sabrá leer que en la nota hay más críticas hacia el progresismo que un análisis sobre el PRO.
Abrazo, y, como siempre, un lujo tener lectores como usted

Carlos Talleyrand dijo...

Más que acertado el texto, que además de inteligente posee sonoras vibraciones de una autocrítica que parecen escapar al entendimiento de algunos lectores. La autocrítica es, por cierto, un ejercicio que no siempre se encara con sinceridad y que, cuando se lo hace de esta manera, es de todos modos bien complicado. Solo agregaría que quienes se identifican como "progresistas" deberían revisar sus definiciones de lo que sería "la política". Muchas veces ciertos hechos se vuelven invisibles no porque no estén ante nuestros ojos gritándonos que allí están (por ejemplo, 65% de vptos) sino sencillamente porque nos emperramos en sostener categorías obtusas que no dan cuenta de ellos.

Felipe dijo...

totalmente de acuerdo con lo expuesto por Gabriel.

Solo agregaria que el PRO nos dio a los kirchneristas una verdadera leccion de populismo.

Laura dijo...

Gabriel, saliste (a publicar de nuevo) Me alegro. Sdos

Federico dijo...

Excelente Gabriel, alguien tenía que decirlo de una vez.

PD: El voto popular necesita ser "justificado"?

Anónimo dijo...

Hay muchas cosas que no entiendo, sobre todo lo del progresismo. ¿Que es ser progresista? ¿Que experiencia enriquecen las elecciones, o la de quienes?

El PRO se aprovecha de las debilidades de sus adversarios ¿es una debilidad de la oposición que el PRO lleve a cabo eficazmente una política clientelar y populista en las villas? Es raro ese pasaje, muy raro. El problema es la palabra debilidad creo. No parece ser el caso, pero resignar una política clientelar sabiendo que podría implicar una derrota electoral no me parece una debilidad sino una fortaleza. La falta de ideas es una debilidad. Entonces, ganar una elección sin ideas que caroncho es!!! (guiño a Santino) Un misterio político o la paradoja del PROGRESISMO (asumo que el "verdadero" progresismo tiene ideas, no sé exactamente cuales aunque incluyo el no hacer uso de políticas clientelares y populistas).

El último párrafo se parece al hermoso discurso de Macri después de ser reelecto y antes de la patética fiesta.


Saludos,
Raulo

Flavio Luis Buccino dijo...

Tardé en leerlo por mis "problemas informáticos", pero veo que no hemos perdido el "afecto" por profundizar lo que otros solo balbucean... Si ves en mi blog una publicación similar no es porque haya querido plagiarte... Demuestra que estamos en sintonía... Coincido con vos y los datos de la realidad coinciden con vos. Por ejemplo: alguién tiene claro cual es la política educativa de Macri? Rápida respuesta del progresismo vernáculo es la privatización de la escuela pública por vía de la demanda... Ahora cuando le demostrar que la matrícula aumentó sostenidamente desde el año 2003 al año 2009 y que se desaceleró durante el 2010 te cambian el argumento y te plantean que el problema es el aumento de los aportes estatales durante la gestión Macri (o lo que es lo mismo que existe una política del Estado de la Ciudad de beneficiar al privado por vía de la oferta). Ahora cuando le mostrás que el incremento en salarios docentes (los aportes pagan nómina salarial) coincide con el % en que incrementó las partidas para Educación Privada, te vuelven a cambiar el argumento con la lógica de comparar como se incrementaron las partidas de pública y privada en las que por una cuestión aritmética y de volumen siempre parecerá mayor el incremento en privada... Posiblemente no sea todo lo académico que debo ser: me parece que el problema principal es que son brutos y no estudian... Fuerte abrazo

Racioppi dijo...

Totalmente de acuerdo con Felipe en cuanto al populismo macrista. El macrismo es populista también, por lo menos en ciertas formas de expresión, en ciertos enunciados.
Como el producto candidateable mas contundente que la gestión kirchnerista ha dado en ocho años después de la propia Cristina, que se llama Daniel Scioli, y a mi humilde juicio y en trazos gruesos, es equivalente a Macri.
En estos días, he observado como su campaña apunta a las creencias mas conservadoras- cuando sostiene que cree en dios y reza con su mujer- como también en la que ví ayer, titulada "un cambio", que en realidad no es ningún cambio, fiel al conservadurimo populista. El cambio que intenta expresar en una fotografía es una lancha metafórica llamada "La Nueva Argentina". literalmente la misma que en los 90 se llamaba "La Gran Argentina". De donde se deduce que para Scioli, la gran Argentina de los 90 es la nueva Argentina del 2011. Donde había un abrazo con Menem, hay abrazo con Kirchner o con Cristina. Nada cambia realmente. Las continuidades entre el menemismo y el kirchnerismo son mas intensas que sus rupturas y ni siquiera se esfuerzan en expresarlo de otro modo.