martes, 20 de julio de 2010

Reformar la reforma política

En su excelente blog, Roberto Gargarella, posteo un decálogo de razones que deberían llevar al pedido de inconstitucionalidad a la Ley 26571 sobre los Partidos Políticos. Los comentarios jurídicos de rg son impecables y valiosos sobre todo porque habilitan a pensar un poco más allá. Me gustaría hacer el esfuerzo de ampliar la discusión diciendo que creo necesario avanzar en una dirección argumentativa que le quite peso a la cuantificación, tanto en términos de cantidad de afiliados como de votantes para conseguir o sostener la personería de los partidos. Insistir en que los partidos tiene razón de existir y persistir en función de las afiliaciones o votos que consigan es negar una parte sustantiva de lo que realmente sucede en la vida de los partidos. Como en casi la totalidad de nuestra vida pública, todo es al menos en parte, mentira. Los partidos, que necesitan 4000 adhesiones para conseguir su personería provisoria y otro tanto de afiliaciones lisas y llanas para la definitiva apelan a mil subterfugios para conseguir ese preciado número. Así, desde el amable préstamo hasta la intolerable ratería de nombre, identidades y firmas, todo puede ocurrir. Insistir en esto es insistir en mentir, falsear y retener voluntades. Estoy mucho más cerca de pensar en que podría avanzarse en un dirección distinta en donde la legitimación (y por eso su existencia) de los partidos tenga más que ver con lo qué hacen que con cuántos lo hacen. Intentaré explicarme mejor. Estoy convencido que es mejor mirar el ejercicio que cada partido hace para vigorizar la vida democrática en general que mirar cuantos afiliados tiene o cuántos votos saca en las elecciones. Hay partidos pequeños de fuerte tradición, con ideas enraizadas en grupos importantes de la cultura política pero que tal vez no alcancen los requerimientos de la Ley y, la verdad, es que hasta ahora nadie ha podido convencerme de la maldad para el sistema de la persistencia de esas expresiones políticas. No veo motivo alguno por el que una buena cantidad de gente a la que se le ha ocurrido dejarse expresar por el maoísmo o por el libertarianismo anárquico no tengan que formar un partido político y vivir la democracia según las reglas institucionales consagradas. Y una cuestión adicional, es necesario sincerar teórica y prácticamente esta discusión y terminar con el concepto de afiliado que ya en estos tiempos de construcción subjetiva se muestra inverosímil. Habría que imaginar otra fórmula, más laxa, menos rígida, de vincular a los ciudadanos con los partidos. Y otra cosa, a cuidarse de los expertos, esto es una cosa muy seria para dejarlo en manos del institucionalismo politológico.

2 comentarios:

Ana dijo...

Gracias Gabriel, excelentes entradas. Tal como el blog de Roberto Gargarella, son una excelente lectura para los que - como yo -no confiamos en el "institucionalismo politológico" y queremos tener otra lectura de temas que no son "lo nuestro".

Gabriel Palumbo dijo...

Ana, muchas gracias por el comentario y por entrar al blog.
Saludos